Los Magos del Fake News

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Donald Trump miente muchísimo. Sin embargo, casi seis décadas viviendo en México y cubriendo América Latina como periodista, me han preparado muy bien para dudar de casi todo lo que dice el presidente de Estados Unidos.

Hay mentiras muy obvias. Cuando Trump dijo que los inmigrantes mexicanos eran violadores” o que su ceremonia de toma de posesión fue la más grande en la historia, bastaba ver las estadísticas y un par de fotos para darnos cuenta que eso no era cierto.

El problema es que Trump miente más de cinco veces al día, en promedio. Un recuento del diario The Washington Post concluyó que Trump mintió o hizo afirmaciones engañosas en 1628 ocasiones durante sus primeros 298 días de gobierno.

No obstante, por alguna extraña razón esto no me escandaliza. Me fogueé en Latinoamérica y estoy acostumbrado a políticos que mienten regularmente. Yo conocí a los magos del fake News antes que Trump se apareciera.

Hugo Chávez era un gran mentiroso. Recuerdo cuando el candidato Hugo Chávez me aseguró en 1998 que si llegaba a la presidencia entregaría el poder en cinco años o menos y que no nacionalizaría empresas privadas ni los medios de difusión. El dictador se murió luego de 14 años en el poder, censuró todos los canales y estableció las bases para el actual desastre económico que vive Venezuela.

Cuando le pregunté al candidato Chávez sobre Cuba, me dijo: “Sí es una dictadura”. Pero una vez que llegó a la presidencia, Chávez nunca lo volvió a repetir. Al contrario, buscó la orientación de Fidel Castro.
Castro también fue un gran mentiroso. Bajo la excusa de la soberanía y la defensa de la revolución, impuso un sistema con él como único líder. Esa democracia a la cubana lo dejó en el poder durante 52 años (desde 1959 hasta el 2011). Y luego, groseramente, le transfirió el poder a su hermano, Raúl, por dedazo.

Los políticos mexicanos perfeccionaron el arte del dedazo. Desde 1929 hasta el 2000 el presidente en turno escogía a su sucesor, pero lo asombroso era todo el teatro que se inventaban para tratar de hacernos creer que el pueblo los había elegido.

Hay muchos ejemplos, pero recuerdo particularmente la fraudulenta elección de 1988 en la que Carlos Salinas de Gortari ganó 1762 casillas con 100 por ciento del voto. Es decir, ese día en esos lugares de votación nadie pensó distinto y todos – ¡todos!- votaron por él. Esa es una mentira preciosa, por cínica e improbable.

Para enterrar el fraude de 1988, y con ayuda de otros partidos políticos, se quemaron todos los votos para que nadie, nunca, los pudiera. En conclusión: el Partido Revolucionario Institucional (PRI) mintió durante siete décadas para atornillarse en el poder y seguramente volverá a mentir en el 2018. Si lo dejan…

Políticos de México, Cuba y Venezuela me han enseñado que, de entrada, no se les puede creer. Siempre hay que dudar de la versión oficial. La duda debe venir inmediatamente después del saludo. Pero mi escuela es muy extensa.

En América Latina he entrevistado a políticos que dicen que no son millonarios y que luego les aparecen casas lujosas y cuentas en el extranjero. He escuchado a candidatos decir que no van a reelegirse y luego cambian la constitución. He oído todo tipo de promesas, desde luchar contra la criminalidad y la impunidad hasta reducirse el salario y no gastar más de lo que tienen. Todas se han roto.

Los mentirosos de la derecha y de la izquierda son igual de brutales. Fidel Castro es equivalente a Augusto Pinochet. No hay diferencia. Los dos violaron los derechos humanos, los dos mataron, los dos se impusieron con violencia y los dos usaron la mentira para controlar.

Gracias a tantos años de recorrido por América Latina ya no me sorprenden las mentiras de Trump. Es un tipo como tantos otros que he conocido. La diferencia es que con las redes sociales sus mentiras se vuelven virales. Pero estamos bien entrenados. Fidel, Chávez, Salinas de Gortari, Pinochet y compañía son los verdaderos magos del “fake news”. Ellos son los maestros.

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